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NO SE LO DIGAS A NADIE,
pero de noche coso en mi piel bordados.
No digas nada de esto,
pero cuando nadie me ve, uno mis lunares con hilos,
imagino constelaciones donde las estrellas son puntos oscuros en un cielo claro.
Juego a hacer recorridos de hilos,
que, como venas,
dan pasos por mi propio cuerpo,
que respiran y laten,
entrando y saliendo, como el aire,
penetrando, metálica aguja con hilo rojo,
que zurce y frunce la urdimbre de mi piel.
El tiempo pasa, segundo a segundo.
Puntada a puntada clavo el camino a ninguna parte,
cuero que va abriéndose, sangrando,
para dejar que entre la vida, que salga la memoria.
Historias que solo me dan sentido a mí,
goteando sobre la alfombra.
Cada noche, a solas, en silencio,
tatúo mi piel con hilos
para que mis entrañas vean el mundo desde dentro.
Y cuando comienza el alba,
aprieto con el hilo las partes cosidas de mi cuerpo,
cada pedazo re-unido,
cada herida,
y anudo el final de la noche pegado a mi piel.
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Llevo el dolor en la piel,
la tristeza en el vientre
y la esperanza en los ojos.
No me queda
más que abrirme a la vida.
Entregar mi pecho a la tierra.
Soltar el aire,
vapor de lágrima.
Entender que sucede fuera de mi control.
Yo soy una parte de yo.
Un resquicio de algo
que ignora,
que desconoce constantemente
lo que es
y que sigue siendo a pesar
de no ser nada.
Me entrego:
a la sangre y a la incapacidad,
al aire y al viento,
a la tierra,
a ser arena,
comida del carroñero.
Me entrego a que me rebanen el pecho,
a ser solo carne en una camilla,
a ser utilizada,
no escuchada,
maltratada.
Me entrego al río que fluye,
a la lluvia que cae,
a la vida que pasa.
Me entrego al suspiro,
a la decadencia,
a ser incompleta,
a la amputación.
Si no me ves, no te olvides de regarme,
de saludar a los buitres a su paso,
de respirar el viento
y dejarte llevar por la sal.
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Las siluetas de los árboles.
Los pinchos de zarza en mis dedos.
El dolor.
Esa soledad que me aprieta.
El dolor de tu ausencia.
La luna llena alumbrando.
La pena de mí misma.
Mis zapatos rotos.
La voz quebrada.
El silencio.
Los primeros brotes de un roble.
El sueño.
La vida escurriéndose.
El sonido del río,
de la garganta,
yéndose.
Los gritos que no doy.
Las estrellas que hoy no brillan.
El dolor.
El dolor profundo de que no sea.
de no ser,
de perderme.
La vida proyectada fuera.
La casa vacía.
La casa sin ventanas.
La tierra seca.
Las flores que brotan.
El olor a humo.
Tu espalda quemada.
Lo que no fue.
Lo que se fue.
Una nube que lo cubre todo,
menos a ti.
Un sol que no sale.
Un sol que aguarda dentro.
Un día que pasa esperando.
Parálisis.
Yo desaparecida.
Yo inexistente.
Yo que no ve.
Yo que no mira.
El dolor.
Dolor en mi garganta,
en la yema de mis dedos.
Los fantasmas.
Dar la mano a lo que no hay.
No hoy.
Dejarse.
El abandono.
El adiós.
La larga despedida.
La despedida eterna.
El agua del río arrastrándote de mi cuerpo.
La zarza enganchada en mis dedos.
Un vete sin soltarte.
Un adiós sin querer.
El dolor.
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Silenciosamente,
hurgan los gusanos
en la planta de mis pies.
Abren el camino al hueso,
que se hace semilla,
y de la que brotan
más pies que me llevan
por todos esos caminos
que no has pisado.
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ÉL VINO
Él vino,
con la sutilidad que se va el verano,
estremeciéndome al entrar,
siendo mi cuerpo portal
de una casa deshabitada.
Siendo él, eso que se es,
cuando ya no se ha aguantado más
Él vino,
entrando con el agua que se derrama,
cayendo dentro
de una casa sin ventanas.
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OLVIDANDO
TE
La tos de la melancolía
suavemente entrando en mi garganta.
Como la hoja de un olivo,
escupiéndote
entre la arena seca de mi jardín
donde se esconden las avispas,
suavemente entrando en su madriguera.
Como entran los bellos recuerdos que me atormentan
entre las hojas de las zarzas.
No hay mar que calme mi garganta,
ni cielo que escuche mis aullidos
atragantándote entre hoy y ayer,
entre ayer y mañana,
una noche,
dos,
tres,
todas.
Donde los grillos cantan indiferentes,
los sonidos que soy incapaz de emitir
acunando las noches de luna llena.
Alaridos de una montaña seca,
esperando que llueva,
esperando que el agua se lo lleve,
te lleve,
te saque,
te quite,
me arranque de ti.
Y el agua que no llega,
y los días que avanzan
como avanza el desierto
en mi voz llena de insectos
bebiendo de mi saliva.
Sin un horizonte,
sin un mar.
La espera del olvido
y el olvido que no llega,
pero llena orificios en mi piel,
llenos de días contigo vacíos de ti,
en este cielo sin nubes
que no llegaste a habitar
y del que te llevaste el agua.
Sal,
para que el mar me habite.
Sal,
para que el mar me habite.
Olvido.
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Córtame desde un lado dl abdomen al otro..
Sángrame
y saca de ahí mis vísceras.
El ovillo del estómago,
el pecho, el útero,
sácalo todo de ahí,
y mete en su lugar ranas,
algo de musgo, alas de escarabajo,
agua de río y algún retal de cielo.
Relléname de plumas que me permitan volar
y un poco de arena de playa para volver a casa.
Cóseme fuerte, para que no se me escape la vida
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L O C A
Me se loca,
me calma saberme loca.
Reconocer que mi estómago está lleno de gusanos,
que tengo un corazón de perro,
que bajo mis pies, y en la palma de mis manos,
me crecen escamas.
Me se loca,
Me calma saberme loca.
Que si chupas mi pecho sabe a sal,
que no hay vientre en mi vientre,
y que soy incapaz de gestar.
Me se loca,
me calma saberme loca.
Que no encarno a una sino a mil,
a millones de alguienes
que se buscan sin perderse.
Me se loca.
Me se loca.
Me se loca
cuando vomito en cada esquina de la ciudad,
cuando me siento más árbol que persona,
más pez, más pájaro,
más caballo.
Estoy loca,
se que estoy loca,
y me calma saberme loca.
Saberme animal.
No saberme persona.
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L A P A L A B R A E N E L C U E R P O
Soy la palabra en el cuerpo
Yo no soy la que tu ves
soy el espacio que dejo.
Ves las huellas?
El rastro que voy dejando
es el mismo rastro
que deja la tierra en mis pies
el aire en mi frente,
el bosque en mis manos.
Ves los surcos, los caminos, los valles que llevo escritos?
Está la piel impregnada de verbo.
Y si me hago poema?
Y si la lluvia que cae
no moja porque ya soy lluvia?
Y si la luna es luna
por su sombra?
Ves?
Ves las huellas en mi piel?
Hablan como palabras,
susurran secretos.
Mi cuerpo habla.
Soy la palabra en el cuerpo.
Yo no soy la que tu ves,
soy el espacio que tejo.
Mira,
mira..
hay letras en las palmas de mis manos,
las palabras nacen de las manos.
Mira las grietas,
ahí está el poema,
ahí escapa el anhelo
que grita mi cuerpo en silencio.
Que dice cosas de mí,
Que se enreda en los árboles
y pinta lienzos con las plumas de los pájaros.
Soy la palabra tejiendo el cuerpo,
el cuerpo tejiendo la palabra,
El tejido tejiendo el cuerpo,
la palabra, el silencio.
Soy la palabra que siente
lo que siente la palabra.
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Hoy la luna
entra suave y negra sobre la cama.
Y deja,
suave,
una sombra sobre la almohada.
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El silencio entre
yo y el otro yo.
Lo otro y yo.
Suavemente cayendo una lágrima.
El sentido resbalando,
tocando la tierra,
nutriendo raíces.
Hay algo l e j o s
que a veces se me acerca
y tengo la sensación de estar
donde todo es nada
y nada,
todo.
leve mente
comienzo a ser habitada
por lo silenciado,
lo jamás pronunciado,
entre las entrañas de la inexistencia
poseída por la profunda insignificancia
de lo que siempre fui.
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Esa distancia entre yo y lo otro.
El silencio entre ambos.
El camino.
Atravesar el abrigo,
cruzar por las vísceras
hasta llegar a casa.
Lo que no se dice
me grita.
Lo que no habla
me llama.
Aquello que no es,
siendo en todo mi ser.
La soledad del camino.
La distancia entre yo y yo.
Yo y yo.
Yo y otro yo.
La confusión del ser,
de ser yo y no serlo,
de no serlo y ser lo otro,
de no saber si soy
o me están siendo.
El camino profundo.
Sola mente
silenciada,
sola mente
llevada,
solamente en la profunda interioridad
de ser.
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A R R A S T R A M O S L A M U E R T E P O R T O D O S L O S R I N C O N E S
Dime,
Dime si estoy viva o muerta?
Dime si mis ojos están abiertos o cerrados?
Dime si entro o salgo?
Donde está la puerta?
Donde está la puerta?
Como se llega? Como se llega hasta el final?
No veo, no puedo ver.
Dime si mis ojos están abiertos o cerrados.
Dime, dime,
Dónde comienza el final? Dónde el principio? Dónde acaban?.
Aquí, aquí comienza lo que ya se ha terminado.
Calla, calla, shhhh
escucha el silencio, un instante entre cada silencio lo es todo.
Pero dime, dime
dime si estoy viva o muerta.
Que siento que se me muere el cuerpo,
Que el cuerpo se está muriendo
Y yo me siento tan viva.
Dime, dime si estoy muerta o viva.
Que creo que estoy renaciendo.
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Soy el nombre que no llamas,
el que no me han puesto,
el que se pronuncia en silencio.
Soy la lluvia de los martes
y de los domingos.
Soy la sombra de la luna,
lo que no ves.
Soy el silencio entre las hojas
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